Mostrando entradas con la etiqueta cosmic tales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosmic tales. Mostrar todas las entradas

10/11/08

DIARIO DE UN SECUESTRO

NO ESPERES NINGUNA CLEMENCIA

Hay días siniestros y sórdidos, y éste era uno de ellos, y como no podía ser de otra manera, era domingo. Salí de casa con la intención de despejar las inquietudes que desde hacía días oscurecían mi mente, de expulsar a través del vaho de mi respiración todos los fantasmas que me abordaban deseosos de instalarse y vampirizar mi espíritu. La ruta iba a ser la de siempre, porque a pesar de conocer las medidas mínimas que te indican variar tu camino de vez en cuando, soy de costumbres fijas, y porque en las costumbres siempre queda la esperanza de encontrar lo inesperado. Y, así ocurrió. Nos creemos que el tiempo por sus cualidades no puede ser perverso, pues lo es. No sé de dónde salió, porque sólo escuchaba silencio fuera de mi. Pero oí perfectamente cómo me crujía la espalda y caía desplomada, lo primero que pensé fue en un fallo físico, en estar sufriendo alguna clase de ataque, y efectivamente era un ataque, pero un ataque externo. En silencio, fui arrastrada hasta un maletero. Olía a caucho y gasolina. Oscuridad, y más dolor que miedo. Mi mente fue asaltada por los motivos, quizás me había expuesto demasiado en los canales BDSM y me estaba enfrentando al sádico juego de cualquier chiflado, seguro que es uno de esos que exaltan el SSC virtualmente. Quizás en el trabajo me había metido donde no me llamaban y alguien quería darme una lección o hacerme desaparecer. Descarté una agresión por el mero hecho de estar en el sitio inadecuado en el momento inadecuado, aquí no había azar y de ser así, la agresión se habría consumado. Oscuridad, y más miedo que dolor. Pánico. Y de repente recordé la fosa, y por un desconcertante instante sonreí y fui feliz.


Nota: video Laura Marling - night terror

12/9/08

Y ASÍ... TE INICIARÁS EN LA TIERRA....


ÉRASE UNA VEZ.... LA FURIA.

Érase una vez… un mundo, donde el derecho a la propiedad era el único derecho fundamental protegido por las leyes que aplicaban los jueces, jueces propietarios de sus propios mazos, el único derecho considerado natural por unanimidad de todos los gobiernos del planeta.

Érase una vez… una gran casa propietaria de un pedazo de mar, que se extendía más allá de sus jardines… de los que también era propietaria. Claro que la casa, a su vez, tenía un propietario, que era el Dueño y Señor de la casa, del pedazo de mar y de los jardines, además de contar en su patrimonio con otros bienes más superfluos.

Érase una vez… una chica vagabunda, sin arraigos, que lo había perdido todo, bueno en realidad, por curiosear, había perdido lo único que poseía, y no había poseído más propiedad que su libertad. La chica había resultado muy molesta a los gobernantes del planeta, la consideraban una grave amenaza a la seguridad mundial, porque habían descubierto a través de sus sueños, que conocía un mundo donde no existía el derecho de propiedad.

Érase una vez… una celda inmunda donde la chica sobrevivía desde hacía unas décadas, la conservaban sedada, dormida y cuidaban diligentemente el mantenimiento de sus constantes vitales, no tenían prisa por deshacerse de ella, así… sedada… los gobernantes ya no la tenían miedo, sometida a su control, les resultaba incluso inocente y delicada. Pero llegaba el día en que debía ser ejecutada, cremada y eliminada… el gasto de su mantenimiento era injustificable para los gobernantes.

El Dueño y Señor de la casa entró en la celda inmunda, despacio y en silencio… no quería alterar el sopor de la chica. El se haría cargo de la chica, de su deuda con el gobierno y de su mantenimiento… porque aunque nadie lo supiera, ni siquiera la chica, era responsable de la misma, y no podía permitir su ejecución, él la había delatado para protegerla y también por furia, por no poder poseer a un ser libre, por reconocerla como la única mujer libre que existía en el planeta. La única, la última...

Se fijó en ella por primera vez en un café, la volvió a encontrar cientos de veces, en cientos de lugares, siempre diferentes, siempre exóticos, el destino siempre se la devolvía… la observaba. Ella no le veía a él, jamás miraba alrededor, siempre abstraída. La chica se movía despacio, pausadamente, con algo de dejadez y pereza, en eso se diferenciaba de los esclavos y esclavas. No llevaba ninguna marca, no había pertenecido a nadie… y en su mirada reconoció que la chica no sabía lo que era pertenecer a nadie, que no lo entendería a pesar de la soledad que percibía. El olor de la chica no era el olor del miedo, era el olor de la soledad. Y la soledad… era algo que no existía en ese mundo, porque no existía libertad, porque el derecho de propiedad impregnaba toda la realidad social y la mente de los hombres. Era un sentimiento único de la chica.

El Dueño y Señor saldó la deuda con el gobierno, repartió unas monedas entre los esclavos que durante décadas la habían mantenido con vida, entregó unas participaciones a los científicos que tras años de estudio no habían encontrado otra solución para la chica que ejecutarla. Repartió sus esclavas entre los gobernadores y sus propiedades entre los Jefes de Estado.

La deuda estaba saldada y la chica le pertenecía, era su apuesta, su propiedad más preciada, una propiedad libre de cargas y gravámenes, sobre la que tomaría posesión prontamente. Su propiedad…, pero aun queda mucho hasta que la haga Suya, hasta que la domine en cuerpo y alma.

NOTA: continuó, pero.... un día fué expulsada de la casa también :P

8/9/08

Y ASÍ... TE INICIARÁS

Cuando recuperé la conciencia sólo encontré luz alrededor... una luminosidad más cegadora y aterradora que la absoluta oscuridad. Notaba las cadenas alrededor del cuello y la cintura, amordazada y con las manos inmovilizadas a la espalda. Bruscamente giré mi rostro y vi su reflejo metálico, difuso y alargado oscilando sobre la brillante plancha. Escudriñé el ambarino reflejo de la sangre seca que había corrido por mis labios, no podía sentir la piel ni dolor alguno en la cara, entonces supe que llevaba amordazada una eternidad.

Me volví ante el brutal sonido y allí estaba el Amo, había traspasado parte de la estructura lisa y metálica donde estaba cautiva. Bajé instintivamente la mirada..., atenazaba mi cabellos, erguía mi cabeza, noté su ácido escupitajo, a pesar de la insensibilidad de mi rostro, ardía... y comenzó a azotarme a un ritmo constante y perpetuo. Simplemente me concentré en el dolor, y en no temer más allá..., me porté bien, y desapareció la mordaza, y desapareció el Amo.

En el extremo opuesto de aquella inmensa caja metálica descubrí dos cuencos con agua y algo de alimento no identificado. Por unos instantes me sentí aliviada... pero por mucho esfuerzo que hiciera y tirara de mis cadenas hasta casi estrangularme no conseguía más que rozar el frío metal con mi aliento, y así me dí cuenta que debía renunciar a todo, a cualquier deseo, a cualquier necesidad, porque mi supervivencia sólo dependía de la voluntad del Amo, y cualquier anhelo sólo supondría dolor.

Allí estaba de nuevo, con una insolente sonrisa irónica, y acorralándome a salvajes bofetadas contra la helada pared metálica. Aturdida... liberó mis brazos para esposar mis muñecas fuertemente a dos argollas, muy por encima de mi cabeza. Inmediatamente dos pequeñas plataformas igualmente heladas sobresalieron de la pared a la altura de mis muslos. Me encadenó los tobillos a ellas, apenas podía reposar los dedos de los pies. Y, de esa monstruosa pared metálica salió un tercer resorte, una consolador igualmente metálico y helado que se me clavó de un sólo golpe... y allí permanecí empalada, encadenada y desfallecida, mientras a ratos se activaba algún perverso mecanismo dentro de esa polla que me obligaba a cabalgar sobre ella en contra de mi voluntad.

Un día... el Amo me quitó las cadenas, me colocó un cinturón de castidad igualmente metálico y frío y me expulsó del Planeta.


Nota: el cinturón de la imagen se puede adquirir en
http://www.latowski.de/latowskiFlash/sonar.htm