12/9/08

Y ASÍ... TE INICIARÁS EN LA TIERRA....


ÉRASE UNA VEZ.... LA FURIA.

Érase una vez… un mundo, donde el derecho a la propiedad era el único derecho fundamental protegido por las leyes que aplicaban los jueces, jueces propietarios de sus propios mazos, el único derecho considerado natural por unanimidad de todos los gobiernos del planeta.

Érase una vez… una gran casa propietaria de un pedazo de mar, que se extendía más allá de sus jardines… de los que también era propietaria. Claro que la casa, a su vez, tenía un propietario, que era el Dueño y Señor de la casa, del pedazo de mar y de los jardines, además de contar en su patrimonio con otros bienes más superfluos.

Érase una vez… una chica vagabunda, sin arraigos, que lo había perdido todo, bueno en realidad, por curiosear, había perdido lo único que poseía, y no había poseído más propiedad que su libertad. La chica había resultado muy molesta a los gobernantes del planeta, la consideraban una grave amenaza a la seguridad mundial, porque habían descubierto a través de sus sueños, que conocía un mundo donde no existía el derecho de propiedad.

Érase una vez… una celda inmunda donde la chica sobrevivía desde hacía unas décadas, la conservaban sedada, dormida y cuidaban diligentemente el mantenimiento de sus constantes vitales, no tenían prisa por deshacerse de ella, así… sedada… los gobernantes ya no la tenían miedo, sometida a su control, les resultaba incluso inocente y delicada. Pero llegaba el día en que debía ser ejecutada, cremada y eliminada… el gasto de su mantenimiento era injustificable para los gobernantes.

El Dueño y Señor de la casa entró en la celda inmunda, despacio y en silencio… no quería alterar el sopor de la chica. El se haría cargo de la chica, de su deuda con el gobierno y de su mantenimiento… porque aunque nadie lo supiera, ni siquiera la chica, era responsable de la misma, y no podía permitir su ejecución, él la había delatado para protegerla y también por furia, por no poder poseer a un ser libre, por reconocerla como la única mujer libre que existía en el planeta. La única, la última...

Se fijó en ella por primera vez en un café, la volvió a encontrar cientos de veces, en cientos de lugares, siempre diferentes, siempre exóticos, el destino siempre se la devolvía… la observaba. Ella no le veía a él, jamás miraba alrededor, siempre abstraída. La chica se movía despacio, pausadamente, con algo de dejadez y pereza, en eso se diferenciaba de los esclavos y esclavas. No llevaba ninguna marca, no había pertenecido a nadie… y en su mirada reconoció que la chica no sabía lo que era pertenecer a nadie, que no lo entendería a pesar de la soledad que percibía. El olor de la chica no era el olor del miedo, era el olor de la soledad. Y la soledad… era algo que no existía en ese mundo, porque no existía libertad, porque el derecho de propiedad impregnaba toda la realidad social y la mente de los hombres. Era un sentimiento único de la chica.

El Dueño y Señor saldó la deuda con el gobierno, repartió unas monedas entre los esclavos que durante décadas la habían mantenido con vida, entregó unas participaciones a los científicos que tras años de estudio no habían encontrado otra solución para la chica que ejecutarla. Repartió sus esclavas entre los gobernadores y sus propiedades entre los Jefes de Estado.

La deuda estaba saldada y la chica le pertenecía, era su apuesta, su propiedad más preciada, una propiedad libre de cargas y gravámenes, sobre la que tomaría posesión prontamente. Su propiedad…, pero aun queda mucho hasta que la haga Suya, hasta que la domine en cuerpo y alma.

NOTA: continuó, pero.... un día fué expulsada de la casa también :P

No hay comentarios: